Pedro Zerolo, su lucha, nuestro recuerdo


299 - 21 de junio de 2015

Joaquín DÍAZ
Luchadores que nunca mueren, que dejan huella, personas nobles y comprometidas con nuestro mundo, infatigables ante las injusticias, defensores de la libertad en busca de la igualdad, perseverantes en sus ideas y en sus sueños de mejorar el modo y el lugar en que vivimos. Siempre permanecen, siempre viven.

En mis primeros años de universidad, todavía con esos nervios ante las primeras veces, tuve la oportunidad de realizar una pequeña entrevista a Pedro Zerolo. Corría el año 2007 y ya por aquella época era una figura relevante del panorama político español. Siempre te recibía con una sonrisa y dispuesto a responder a todas tus preguntas. Otros compañeros también me han contado el trato siempre exquisito que daba tanto a un becario de un medio pequeño como a un periodista de renombre.



No ponía pegas para ceder su tiempo y hacer una de las cosas que mejor se le daban: hablar sin tapujos, decir lo que pensaba, sin esconderse, sin miedo, rechazando lo políticamente correcto, un síntoma más de cobardes que de valientes. Tan elocuente que pronto empatizabas con él y con sus causas, que eran las de todos.



Constantemente luchaba por los derechos civiles, perenne detrás de cada crueldad que se pudiera cometer contra cualquier minoría. No se arrugaba nunca, hacía pleno uso de la libertad de expresión, pero de verdad, sin ningún corsé, explicando las políticas que hacía falta poner en marcha, señalando los defectos de nuestra sociedad y poniendo el foco en las soluciones.





Su vida


Pedro González Zerolo nació en Caracas (Venezuela) el 20 de julio de 1960. Su padre, tinerfeño y uno de los pintores canarios más importantes, se encontraba allí exiliado tras huir de la dictadura franquista. Pedro, de familia republicana, desde el principio se interesó por los movimientos sociales en Tenerife. En la isla estudió Derecho, graduándose en la Universidad de San Fernando de La Laguna.



Se trasladó a Madrid y continuó estudiando de forma autodidacta, centrándose en las medidas legales para reducir la discriminación. Desde muy joven fue militante de distintos colectivos que defendían los derechos de la comunidad homosexual y transexual.



En 1992 empezó como asesor jurídico de COGAM (Colectivo Gay de Madrid) y al año siguiente fue nombrado presidente de este colectivo, desde el cual se impulsó la Federación Estatal de Gays y Lesbianas (FEGL), de la que también fue asesor jurídico y que luego pasó a denominarse Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Zerolo fue su presidente a partir de 1998.



En 2003 dimitió de su cargo para entrar a formar parte de la lista del Grupo Municipal Socialista al Ayuntamiento de Madrid de la mano de Trinidad Jiménez y acabó siendo elegido concejal. En esta época impulsó el proyecto más ambicioso de la primera época del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El mismo expresidente reconoció que fue claramente Pedro Zerolo “el que más luchó y el que me convenció de hacer la ley del matrimonio homosexual”. Zapatero afirmó que “fue una ley valiente, decidida, que marcó en Latinoamérica y en Europa y eso se lo debemos a Pedro”.



El 30 de junio de 2005 el Congreso de los Diputados aprobó la ley que modificaba el código civil y permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo, convirtiéndose España en el tercer país que daba luz verde al matrimonio igualitario. Fue su gran victoria, entre muchas otras, símbolo de una época nueva, de normalización y dignidad para un país, de tolerancia e igualdad para todos.



En el año 2007 fue reelegido como concejal y desempeñó la labor de portavoz de la Comisión Permanente del Pleno de Familia y Servicios Sociales, compromiso que también adquirió tras las elecciones de 2011.



Murió el pasado 9 de junio de 2015 como consecuencia de un cáncer de páncreas que le fue detectado en diciembre de 2013, pero hasta el último momento no perdió la sonrisa ni las ganas de vivir y siguió hasta el final desarrollando sus tareas políticas y sociales. “No tengo miedo a lo que pueda pasar mañana, disfruto el día a día y vivo la vida viviéndola”.



Su filosofía de vida


En plena batalla por la enfermedad decía que “la victoria está en el día a día, en intentar ser coherente con uno mismo. La victoria final es sentirte a gusto con lo que has hecho, saber que has podido contribuir a mejorar la sociedad”.



Su ideología, su modo de pensar y su gran responsabilidad con los seres humanos son su obra, son el mejor cuadro que nos ha pintado, desbaratando pensamientos, abriendo las mentes y haciendo normal lo que todavía hoy mucha gente considera fuera de lo común. Él supo abrazar la diversidad y romper barreras.



Zerolo no era sólo un activista, era un activista empedernido, apasionado, obstinado, con el objetivo claro y preciso de cambiar nuestra sociedad para liberarla de las ataduras morales y legales que todavía nos enclaustran.






Su filosofía de vida tiene tres patas fundamentales: la lucha contra la discriminación, la defensa de la justicia social y la apuesta por la visibilidad. Quizá esta última sea la clave de todo. Ser transparente, dejarse ver, mostrarse sin vergüenzas y pelear contra los estigmas; porque todo comienza en uno mismo. A esto se refería Zerolo con que la “autodeterminación personal, la liberación personal son los movimientos que más han cambiado el mundo”, los que surgen del propio yo, la actitud propia de cada uno es el primer paso del camino para decir basta.



Vivimos rodeados de mentiras y miedos, de pensamientos ocultos, de máscaras, de poderes invisibles, de medias verdades, de verdades a medias, de manipulaciones, nos cuesta reconocer quiénes somos, qué somos, con qué nos identificamos. Por eso personas transparentes como el cristal, que se vacían en una entrevista, que se enfrentan a una enfermedad con una energía que asusta, que entregan su vida para hacer la de los demás mejor, son las que merecen la pena.



Es así como él era, una persona honesta, tranquila, fundamental en este mundo enloquecido lleno de dramas y prisas, sosegado a la vez que rebelde, reivindicativo a la vez que sensato, pegado a la calle, fiel al sentido común, leal a sus principios y con un indomable espíritu político. “He tratado con mi presencia y discurso impulsar la aprobación de leyes como la de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la de igualdad entre mujeres y hombres, la lucha contra la violencia machista y el reconocimiento del voto inmigrante, o la propuesta de Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación”.



Zerolo decía que “si se puede, se debe”, y a eso dedicó su vida, a indicar lo que era posible, y mientras otros perdemos el tiempo pensando en si es o no realizable, él se ponía a trabajar y lo hacía realidad. Lucha, lucha y lucha “hasta la victoria final”.



“Hay que luchar siempre por la libertad y la igualdad y defender siempre lo conseguido”. Tu legado siempre presente, tu recuerdo inolvidable, tu amor por lo demás siempre eterno. Cuando uno abre una senda, los demás estamos obligados a no dejar que el viento y la arena la vuelvan a cubrir. “No sufras porque ganaremos”.