Gracias, viejo


274 - 13 de julio de 2014

María L. NÚÑEZ
El pasado 7 de julio Alfredo Di Stéfano, mítico jugador de fútbol e histórico del Real Madrid, fallecía a los 88 años de edad en la ciudad que fue testigo de sus mayores gestas deportivas. El mundo del fútbol, en general, pierde a uno de los mejores jugadores de la historia y el Real Madrid, en particular, se queda huérfano, perdiendo a su gran referente futbolístico.

Alfredo Di Stéfano (Barracas, Buenos Aires, 4 de julio de 1926 – Madrid, 7 de julio de 2014), uno de los grandes genios del balompié, nos dejaba la pasada semana con un legado que perdurará mientras el fútbol sea el fútbol, y la mítica pelota sea el referente del deporte más mediático a nivel mundial. Di Stéfano, el futbolista, el mito, se fue casi sin hacer ruido. Admirado por los aficionados de su equipo, el Real Madrid, y reconocido por el resto, si algo que le gustaba al mítico jugador hispano-argentino era hablar de fútbol. A la pelota, la mítica ‘vieja’, como él la llamaba, le dedicó su vida.


Una vida que comenzó en el barrio bonaerense de Barracas, donde dio sus primeras patadas a un balón. Pronto el joven, procedente de una familia de origen italiano, comenzó a destacar, lo que hizo que con tan solo 19 años debutara con la mítica escuadra argentina River Plate. Una huelga de futbolistas en su país de origen le obligó a buscarse la vida en la liga colombiana, concretamente en el Millonarios de Bogotá. Allí se consagró con su espectacular forma de jugar al fútbol, que le llevó a ganar cuatro trofeos con el equipo. Una carambola del destino hizo que en 1952 su equipo fuera invitado a participar en el torneo de celebración de los 50 años del Real Madrid. La ‘Saeta Rubia’ (apodado así por su rapidez) captó la atención del presidente madridista, Santiago Bernabéu, quien se empeñó en ficharle para el club madrileño. Aunque su llegada a Chamartín no fue fácil, ya que mientras el Real Madrid había adquirido sus derechos a Millonarios, el Barcelona había hecho lo propio con su club de procedencia, River Plate. Tras la controversia, la FIFA resolvió que jugaría dos años en cada equipo, pero finalmente el Barcelona renunció a sus derechos sobre el jugador, y el resto ya es historia.



Un mito

Una historia completada con 5 Copas de Europa, 1 copa intercontinental, 8 ligas españolas (con 227 goles, siendo uno de los máximos anotadores) , 2 ligas argentinas, 3 colombianas, y, a nivel individual, dos balones de oro, un súper balón de oro, y máximo goleador en todos los equipos que militó, entre otros. Un hombre de récords, pero, sobre todo un hombre dedicado a su pasión: el fútbol.


Sin duda alguna, su paso por el Real Madrid marcó un antes y un después en la historia del futbolista y, también, en la del club madrileño. Coincide con la llegada del argentino el momento en el que el Real se convirtió en una leyenda del fútbol mundial. El equipo que ganaba todos los trofeos y el que mejores jugadores tenía. El Real Madrid hizo tan grande a Di Stéfano como Di Stéfano hizo grande al Real Madrid. En aquellos años dorados se forjó la leyenda de ambos entre trofeos y goles, entre grandes hazañas deportivas que ya son parte de la historia del club madrileño.


A los dos años de abandonar el club de su vida, y tras un par de temporadas en el Español de Barcelona, el delantero se retiró como futbolista, pero siguió dedicando su vida al fútbol, esta vez como entrenador de Elche, Boca Juniors, Valencia, Sporting de Lisboa, Rayo Vallecano, River Plate, Castellón y, por supuesto, en el Madrid.


En el año 2000 volvió al club de sus amores, el Real Madrid, para convertirse en Presidente de Honor. Lo que para muchos venía siendo un hecho desde hacía años e convirtió en una realidad: el referente del madridismo pasaba a ocupar un lugar de honor en el club que le hizo grande. Y en ese puesto permaneció hasta el último día de su vida, bajo el escudo de su equipo dijo adiós. Dejando huérfanos a los madridistas, al mundo del fútbol; pero, sobre todo, dejando a la pelota (a la ‘vieja’, como él cariñosamente la llamada) sin uno de sus máximos referentes. Ya nunca se volverá a escuchar eso de: “cortita y al pie”. Se va un genio, nace un mito. Gracias, viejo.