Adolfo Suárez, la luz en la oscuridad


265 - 30 de marzo de 2014

Joaquín DÍAZ
Un hombre ejemplar que supo hacer lo que tenía que hacer cuando creyó que era el momento de hacerlo. Contra viento y marea intentó y consiguió sacar a España de la dictadura para conducirla hacia la senda democrática. El recorrido no estuvo exento de obstáculos y amenazas, pero a base de diálogo, valentía y determinación se erigió como una figura fundamental de la Transición española, el artífice del cambio.

El viernes, 21 de marzo, su hijo, Adolfo Suárez Illana, compareció ante los medios para anunciar el inminente fallecimiento de su padre, el expresidente Adolfo Suárez, como consecuencia de un empeoramiento neurológico provocado por el alzhéimer que padecía desde el año 2003.



A partir de este anuncio, los homenajes se suceden, los reportajes inundan la televisión, en su trayectoria, repasada una y otra vez, se destacan sus famosas frases, sus inolvidables imágenes, su labor para con el pueblo, su mítica foto con el rey don Juan Carlos, tomada por su hijo, y cientos de instantes grabados en la memoria de todos los españoles.



Finalmente, el pasado domingo, 23 de marzo de 2014, fallecía en Madrid a los 81 años el primer presidente del Gobierno de la democracia española.



Adolfo Suárez González nació en Cebreros (Ávila) el 25 de septiembre de 1932. Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca y más adelante acabaría doctorándose en Madrid. En 1956, gracias a su tutor político, Fernando Herrero Tejedor, comienza su meteórica trayectoria política, de puesto en puesto, de cargo en cargo, de responsabilidad en responsabilidad. Todos estos años le sirvieron para moderar su ímpetu juvenil, para saber esperar y buscar la ocasión, el momento preciso para actuar, pero sin perder lo que le hacía único, su descaro y osadía a la hora de afrontar y solucionar los problemas.



Entra a formar parte de la Secretaría General del Movimiento y comienza la escalada que le llevaría hasta lo más alto de la política. A finales de los 60 fue procurador en Cortes por Ávila y gobernador civil de Segovia, lo que le permitió conocer al entonces príncipe de Asturias, don Juan Carlos de Borbón. En 1969 fue nombrado director general de RTVE, cargo que ostentó durante cuatro años. Esta etapa al cargo del medio televisivo y su amistad con el Príncipe de España, proclamado por Francisco Franco como su sucesor en 1969, le permitieron, años antes de la muerte del dictador, iniciar su particular reforma, simplemente cuidando y dando a conocer la figura del príncipe al gran público.



En marzo de 1975, Suárez es nombrado vicesecretario general del Movimiento. Después del fallecimiento de Franco el 20 de noviembre, el rey Juan Carlos incluye a Adolfo Suárez en el primer Gobierno de la monarquía, liderado por Carlos Arias Navarro. El último escalón antes de que en julio de 1976 el Rey le designe presidente del Gobierno.





“Siempre he dicho que quería ser presidente del Gobierno, y, por esas casualidades de la historia, al final lo conseguí”. Sin embargo, aquí, en la cima, comienza su etapa más difícil. El mayor logro de Suárez en los siguientes años fue no quedarse paralizado ni obnubilado por el poder, no debía ni quería, un apasionado de la política como él sabía para lo que estaba allí y se puso manos a la obra. Utilizó sus habilidades políticas y sus fuertes convicciones democráticas para derribar la dictadura desde dentro, promoviendo una reforma política entre el inmovilismo, la desconfianza y el ruido de sables de un Ejército receloso.



Con la inestimable ayuda de Torcuato Fernández Miranda, el diseñador en la sombra de la Ley para la Reforma Política, Suárez consiguió algo que en principio podía parecer impensable, que los mismos políticos del sistema franquista acabaran con dicho sistema, respetando así la legalidad vigente.



El terrorismo de ETA, de los GRAPO y de la extrema derecha pusieron en peligro el proyecto democrático, pero en ese ambiente de terror continuó caminando, aplicando sus ideas aperturistas y trabajando incansablemente para todos los ciudadanos. En 1977 se atrevió a legalizar el Partido Comunista de España, el 15 de junio se celebraron las primeras elecciones democráticas, en las que salió victorioso Unión de Centro Democrático (UCD), partido que había fundado el mismo Suárez. Ese mismo año se alcanzó un importante acuerdo económico, ratificado en los Pactos de la Moncloa. El 6 de diciembre de 1978 se aprobó mediante referéndum la Constitución. En 1979, en las primeras elecciones generales del periodo constitucional, fue reelegido como presidente.



En los últimos meses de su segundo mandato conoció la soledad, terminó dimitiendo el 29 de enero de 1981, debido a las fuertes presiones, tanto de sus opositores como de algunos miembros de su partido, fue constantemente vilipendiado y para los más recalcitrantes nunca dejó de ser un renegado que había traicionado a su patria. Todavía era presidente en funciones cuando se produjo el golpe de Estado del 23 de febrero, de pie en el Parlamento se enfrentó a las armas de los asaltantes mostrando su dignidad como político y como persona. Habían sido casi cinco años, un lustro que cambió la historia de España, amparándose en sus señas de identidad: diálogo y concordia. En 1976 nadie confiaba en él, el Rey nombró a un falangista relacionado con el Opus Dei para encabezar una transformación democrática que estaba en ciernes. El resto es historia perenne de España.



Se dice muchas veces, pero nunca las suficientes, que el camino es el mejor viaje, que la meta no es tan importante, en este caso la meta era crucial, pero no hubiera existido ninguna meta si un joven abulense sincero, honesto y ambicioso no hubiera luchado por algo en lo que creía: la libertad y la democracia. El talento, la audacia, el coraje y ese encanto personal que lleva impregnado todo líder nos condujeron hacia la luz.