Todos contra Trump


317 - 6 de marzo de 2016

Guillermo GALLARDO
Después de su última victoria en las primarias de Nevada Donald Trump se coloca en cabeza para ser el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. Esta actual y, ahora, bastante factible posibilidad real ha puesto, no sólo a los colectivos objetivo de sus críticas , ataques y futuribles medidas en pie de guerra; ni tan siquiera ha levantado en armas a sus rivales demócratas, bajo la égida de la democracia y los valores americanos; también parece haber movilizado a su propio partido contra él. La misma línea oficial del grupo republicano parece haberse puesto a trabajar por desarmar a un presidenciable poco amigo del aparto institucional, poco dado al comedimiento y, según las encuestas, con pocas posibilidades de mover a un electorado amplio y moderado necesario para llegar a la Casa Blanca.

Primero fueron los representantes de las comunidades minoritarias (como inmigrantes, grupos religiosos, feministas), después vinieron los ataques desde las filas demócratas (tanto Clinton como Sanders no han dudado en atacar al magnate), más tarde llegaría toda una movilización en las redes sociales y los medios para dar a conocer a este multimillonario poco amigo de la tolerancia y la frugalidad, y ya hasta sus propios compañeros han salido de forma organizada y coordinada para desacreditar a Trump.



En un principio, el partido había tomado la carrera presidencial de este empresario nacido en Queens (allá por 1946) como una broma de mal gusto y una nueva forma de dar más trigo a su propio molino, si bien, a medida que este showman tan Donald Trump, poco a poco se fue teniendo más visos de hacerse realidad, el ala más sensata de la derecha americana no podía quedarse con los brazos cruzados. Lo que en principio pudiera parecer una broma de mal gusto para unos pocos exaltados, merced a una coyuntura política harto complicada tras años de crisis y con un futuro harto incierto, se empezaba a materializar como posible, y visto lo visto, desde su propio partido y desde sus propios compañeros de carrera republicana, se empezaba a reaccionar. No sólo el aparato empezaba a desacreditar y sacar los trapos sucios (polémicas, mujeres, fisco...) de Trump, también sus rivales republicanos empezaban a dedicar sus campañas y minutos de debate en atacar firmemente al odiado Donald: como ejemplo, fue muy claro, aunque poco efectivo, el ‘sándwich’ que le prepararon Ted Cruz y Marco Rubio esta misma semana en un debate televisado.



Una pinza contra Trump que, como decimos, se viene a sumar a los intentos generalizados desde todo el espectro político y social contra él: quién sabe si con éxito o no, pues si la baza de Trump es (y ha sido siempre) llamar la atención y ser rompedor, no parece imposible que este tipo de ataque se vuelva en favor de su notoriedad y popularidad... por lo menos de cara a las primarias republicanas. Que la presidencia ya será otra cosa, por mucho que ahora tenga más cerca esa aspiración que cualquiera de los aspirantes demócratas.



Y es que, a fin de cuentas, ¿puede Trump llegar a ser Presidente de EE.UU.? Y no hablamos ya de si merece serlo, o si quiera de que pudiera bajo la mejor de las estrellas ser un presidente decente, si no siquiera si en una votación general y seria para toda Norte América tendría alguna posibilidad contra una sensata y centrada candidatura demócrata. Y en ese sentido, especialmente Hillary Clinton, pero también Bernie Sanders, parecen más solventes de cara a un electorado americano que, por muy crispado pueda estar, difícilmente olvida valores típicos suyos como la tolerancia, la democracia, la independencia, la apertura social, la función histórica de la inmigración, etc. Entonces, sería más preciso preguntar, no ya "¿puede ser presidente?", si no, "¿qué significa que Donald Trump pueda aspirar a ser presidente?".



Primeramente, hay que decir que puede llegar a serlo, en virtud precisamente de esos valores tan democráticos de Estados Unidos. Sólo en un país avanzado democráticamente una persona del mundo de la calle puede tan siquiera pensar en eso. Si bien, esta es su causa material, pero, ¿y su causa formal?, ¿qué se cuece en la sociedad para que este "Self-made man" llegue a estar tan cerca de una candidatura oficial al despacho oval? Cómo decíamos antes, unas circunstancias que se repiten en medio primer mundo. Una insatisfacción generalizada hacia la clase política y una indignación muy extendida con el tradicional mundo de las finanzas: una salida aparentemente fácil de los problemas que se arrastran desde hace casi una década. Una apuesta por remedios baratos y rápidos para cambiar, que si bien nunca funcionan, psicológicamente tienen gran efecto al apelar directamente a sentimientos e ideas fáciles como el odio, la ira, la crítica no constructiva, las ilusiones más grandilocuentes o las panaceas sociales.



¿Qué significa aquí entonces Donald Trump? Lo mismo que significa Le Pen en Francia, los movimientos antieuropeos en Reino Unido, lo mismo que Syriza en Grecia o los indignados en España... significan la victoria del populismo y la solución fácil, rápida e irracional a los problemas de una sociedad empobrecida, convulsa, enferma y/o perezosa. Los extremos se tocan, y en última instancia el radicalismo sólo cambia de imagen aparencial en función de las forma o disposición particular del lugar donde surja esta enfermedad que pretende curar con más enfermedad y remedios nada democráticos a la democracia. Lo mismo que significaron los populismo de entreguerras, lo mismo que ha significado el comunismo fácil en muchos países de Latinoamérica... una insensatez que ni es nueva en el tiempo ni en el espacio político. Pues este tipo de movimiento es la respuesta menos inteligente y más rabiosa, más empoderada y menos democrática ante los retos, dificultades y problemas de un pis, una sociedad o un pueblo. Un ir contra todo, contra todos, so pretexto de que sólo ellos, pueden resolver las tragedias que asolan a los ciudadanos... Y están encantados que el fuego suba y también se les ataque, en esa atmósfera que les es tan propicia de la lucha y el conflicto. Pues si bien, también son atacados por parte del cuerpo social sano, son ellos los que se encargan de echar su fuego. Ejemplo, este mismo, todos atacan a Trump, pero Trump fue quien dio y dará el psitoletazo de salida a esta lucha.



"Todos contra Trump", titulábamos en artículo. "Trump contra todos, y todos contra Trump" debemos concluir el mismo.