Cambio de fichas


306 - 18 de octubre de 2015

La Brecha
La precampaña electoral para las elecciones generales en España se anuncia larga y plagada de momentos estelares. Momentos en busca del titular, fichas del tablero que buscan el jaque mate y momentos para el olvido.

Se presume que la precampaña electoral en nuestro país va a ser más larga de lo esperada. Aún faltan dos meses para los comicios y las maquinarias de comunicación y marketing de los principales partidos trabajan sin parar. No es casualidad que se sucedan las apariciones estelares: bailes en horario de máxima audiencia, cara a cara las noches de los domingos o cambio de cromos en las listas electorales. Hechos todos ellos que buscan dar la campanada para marcar la diferencia que pueda suponer un cambio a la hora de votar.


Con una población hastiada de la política tradicional, a la que ven lejana y copada de casos de corrupción, tanto los viejos partidos como los emergentes tienen que trabajar por ganarse a esa parte del electorado que ni es de izquierdas ni de derechas (lo que se conoce tradicionalmente como centro) y que puede ser determinante a la hora de ganar elecciones o ser bisagra determinante en caso de pactos.


Parece claro que, en las últimas semanas, algo ha quedado claro: el discurso es cosa de cuatro. De los dos tradicionales y de los dos emergentes. De dos formas de ver la política, en definitiva, pero de un objetivo común: gobernar. Y como las diferencias entre unos y otros no se pueden explicar en esos ciento cuarenta caracteres a los que se ha acostumbrado al público, se buscan nuevas fórmulas que capten la atención. Las apariciones en los programas de entretenimiento, participaciones en los talk shows de la mañana o decisiones recurrentes que buscan atraer a minorías como las mujeres o a votantes desencantados de partidos de los que no queda ni la sombra.


Una campaña a la americana, centrada en imágenes, en líderes. Personalizada, en busca de la diferencia moderada, del chascarrillo. Con un puñado de protagonistas como telón de fondo, y con un escenario en el que más de cuarenta millones de ciudadanos asisten a un espectáculo digno de una elección…general, se presume.