El eco de los ruiseñores


315 - 21 de febrero de 2016


En un mundo copado por titulares sobre los poderosos, en el que los desayunos se abren con el último caso de corrupción y las tertulias nocturnas cierran con insultos varios, de vez en cuando aparecen personajes que marcan la diferencia. Personas que a través de su vida y obra pretenden hacer del mundo un lugar mejor, más justo, más reflexivo.


Buena prueba de que el mundo es un buen lugar son los dos personajes que nos dejaron esta semana: Harper Lee y Umberto Eco. Dos personas que, en sus respectivas disciplinas, marcaron la diferencia, crearon debate y colaboraron a que este fuera un mundo mejor.


Hablar de Haper Lee es volver a la mítica novela ‘Matar a un ruiseñor’, donde el sentido de la justicia, el fin de la esclavitud o la ingenuidad infantil en ojos de los mayores nos hicieron reflexionar. Una de las mejores novelas del siglo XX, y, sin género de dudas, uno de los libros de cabecera de la literatura estadounidense. Un libro para la reflexión, para la introspección, pero, sobre todo, para llamar la atención sobre las vergüenzas de un sistema avanzado que flaquea en los puntos más débiles. Harper Lee nunca mató al ruiseñor, simplemente dio en la diana de las peores bajezas humanas.


Por otro lado, ¿qué decir de Umberto Eco? Humanista, escritor, pensador, filósofo…la lista es interminable. Desde su ‘El nombre de la rosa’ nada volvió a ser igual. Aunque no es de extrañar, porque el italiano marcó la diferencia. Un hombre adelantado a su tiempo, famoso por sus novelas y ensayos. Destacaba su término “apocalípticos e integrados”, que tanto debate generó sobre el ecosistema digital y las nuevas tecnologías. Siempre lúcido, siempre dispuesto a generar debate. Eco se apagó, pero nos deja un legado incalculable.


Este domingo de finales de febrero resuena el eco de los ruiseñores, entre novelas y ensayos para cambiar el mundo. Hasta la próxima semana.